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Pronto serán las 08:00. Acabo de llegar al trabajo y, durante todo el camino, vengo arrastrando una sutil sensación de alegría. Fijándome en los detalles de la mañana me doy dando cuenta de que estoy mejor, más animada con la vida. Hoy es el primer día de una semana sin redes sociales y con el compromiso de meditaciones diarias, algo me dice que este era el salto que necesitaba para mejorar mi estado en más profundidad. Poco a poco voy sintiéndome capaz de asimilar los cambios que voy necesitando para avanzar en este proceso de duelo. Hace 4 meses no era capaz de permanecer alejada de mi móvil, esperando una llamada, un mensaje, actualizando una y otra vez historias, comentarios… escuchando podscast, vídeos, música constantemente para no oír el silencio. No me podía duchar sin el móvil cerca, no me podía ir a la cama sin el móvil cerca, no podía comer sin una pantalla delante. Estaba aterrada por la sola idea de tener que quedarme conmigo, ya no había elección, ya no servía ninguna enrredada explicación del porqué las cosas debían ser de otra forma y no como eran. Este es un proceso no lineal, pero hoy puedo decir que estoy mejor, soy más coherente, más sincera conmigo, más curiosa con respecto a la existencia, más cariñosa y menos reactiva. Tengo la intención de que este mes haga la diferencia. Las pequeñas concesiones que me daba ya no son necesarias, la búsqueda de seguridad en los pensamientos propios cada vez se siente más impostada, la creencia de que si a él le va bien a mi me va mal y viceversa se desvanece día a día. Creo que el acto de quitarme las redes sociales con miras a cerrarlas ilimitadamente es un acto de liberación. Es la intención de querer estar conmigo, de hacerme amiga de mi, de vivir esa presencia de la que tanto he hablando, de habitar la vida que tengo, incluso en los momentos de incómodos. Una vida llena de suerte, la vida de una mujer de 28 años, con más dinero que nunca, con más salud que nunca, con una vida más ordenada que nunca y con todo el tiempo del mundo para hacer lo que ella decida hacer. Quiero leer aún más, quiero pintar más, quiero escribirle a mi sobrina Sofia que está en camino de llegar a este mundo, quiero nadar más, quiero caminar más y quiero conocer más almas como la mía. Este tiempo será de apertura, calma, soledad y más cariño del que nunca antes he dado.
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