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Dear FutureMe,Querida Silvina del futuro:
Si estás leyendo esto, es porque pasó tiempo desde diciembre y, con suerte, algunas cosas se acomodaron. Pero quiero que recuerdes este momento con claridad y sin vergüenza.
En diciembre tuviste una recaída. No fue porque fueras débil, ni porque no supieras lo que hacías. Fue porque estabas cansada, exigida, con demasiadas responsabilidades encima y con poco sostén. Te sobrecargaste. Y el cuerpo y la mente hablaron como pudieron.
No escribo esto para retarte. Lo escribo para que no minimices lo que costó levantarte después. Hubo días de confusión, de culpa, de miedo a volver a fallar. Y aun así, seguiste. Pediste ayuda. Pensaste. Reflexionaste. No te abandonaste.
Quiero que recuerdes algo importante: una recaída no borra todo lo aprendido. No invalida el camino. No te define. Fue una señal. Un límite. Un llamado de atención que merecía escucha, no castigo.
Si hoy estás bien, no te confíes desde la soberbia: cuidate.
Si hoy estás mal, no te castigues desde la dureza: acompañate.
Vos sabés cuándo estás empezando a exigirte de más, cuándo dormís mal, cuándo dejás de escucharte. No mires para otro lado. Parar a tiempo también es valentía.
Seguí eligiendo lo que te hace bien, incluso cuando no es lo más fácil.
Seguí pidiendo ayuda cuando lo necesites.
Y por favor, no te olvides: ya sobreviviste a momentos muy duros y acá estás.
Con cariño, con memoria y con fe en vos,
Silvina
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