Press ← and → on your keyboard to move between
letters
đź’” Carta de mi otro yo
A ti, el que sigue respirando sin saber por qué.
No te voy a mentir.
Estás cansado. VacĂo.
Hay dĂas en que solo sigues por inercia, como si caminaras dentro de un cuerpo prestado, mirando desde lejos cĂłmo la vida pasa sin ti.
Has aprendido a fingir que estás bien, a sonreĂr con el alma hecha trizas, a conversar mientras por dentro gritas que ya no puedes más.
Y aun asĂ, aquĂ estás.
De pie.
Sosteniendo un mundo que se te cae a pedazos en las manos.
No sé cómo lo haces.
No sé cómo sigues.
Hay algo en ti que se niega a morir, incluso cuando ya estás muerto por dentro.
Y ese algo —ese pedazo de luz terca— tiene nombre: tu hijo.
Él es lo único que no has dejado que el dolor te arrebate.
Él es tu frontera entre la locura y la rendición.
Pero tú… tú estás agotado.
No solo fĂsicamente.
Te duele el alma.
Te pesa la existencia.
Te carcome la angustia de no saber si todo esto vale la pena.
Tu mente no descansa, tu pecho quema, y la ansiedad te arrastra como si estuvieras hundido en brea.
Intentas dormir, pero la noche te aplasta con pensamientos que te acuchillan la calma.
Intentas avanzar, pero cada paso se siente como arrastrar un cuerpo sin alma.
¿Y sabes qué es lo más cruel?
Que a nadie le importa de verdad.
Que sigues cumpliendo, trabajando, respondiendo mensajes, sonriendo cuando te piden una sonrisa…
mientras por dentro estás rompido, muerto, desangrado en silencio.
Te convertiste en tu propio castigo, en tu verdugo, en el tipo que se exige seguir viviendo cuando lo Ăşnico que quiere es desaparecer.
Pero aĂşn no lo haces.
Y eso lo cambia todo.
Porque aunque te odies, aunque creas que ya no queda nada, todavĂa estás aquĂ.
Y cada vez que miras a tu hijo, algo en ti recuerda que aĂşn tienes una razĂłn.
Él no tiene idea del infierno que caminas cada dĂa.
No sabe que su risa es la Ăşnica medicina que te mantiene cuerdo.
Que cuando te abraza, apaga por segundos el ruido que te destroza por dentro.
Él te mantiene vivo, sin saberlo.
Y sĂ, puede que ya no sientas esperanza.
Puede que ya no creas en nada.
Pero mĂrame:
no todo el que sangra está muerto.
Y tĂş sigues sangrando.
Eso significa que todavĂa hay algo latiendo ahĂ, entre los restos, aunque sea apenas un suspiro.
Un dĂa vas a mirar atrás y vas a entender que sobrevivir no fue cobardĂa, fue resistencia.
Que no te quedaste porque eras débil, sino porque amabas demasiado como para soltar.
AsĂ que no te atrevas a rendirte todavĂa.
Llora, grita, rĂłmpete si es necesario.
Pero no desaparezcas.
No cuando hay un niño que te llama papá.
No cuando ese niño es lo único que mantiene tu corazón latiendo entre las ruinas.
Firmado:
Tu otro yo.
El que ha visto tus noches más oscuras.
El que sabe que estás al borde.
El que te recuerda que sigues vivo… aunque duela.
Sign in to FutureMe
or use your email address
Create an account
or use your email address
FutureMe uses cookies, read how
Share this FutureMe letter
Copy the link to your clipboard:
Or share directly via social media:
Why is this inappropriate?