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Me siento eufórica de la felicidad que me trae escribir esta carta sobre todo lo bueno y maravilloso que tengo y poseo.
Mi novia es la persona más genial, espontánea, fiel, segura de lo que quiere que haya conocido. Le gusta mucho pedirme la opinión porque somos muy parecidas en nuestra forma de pensar.
Cuando le propuse matrimonio sentí como tenía el corazón en la boca. El tiempo se detuvo y me quedé sin aliento. Cuando inqué la rodilla en el suelo sabía que ese movimiento cambiaría mi vida para bien.
Ver el asombro de su rostro, seguido de inmensa alegría me hizo sonreír a mi también. Ese "sí" que tanto he ansiado hizo que mi corazón latiera más fuerte que nunca. Fue un día espectacular y jamás lo olvidaré.
Nos montamos en mi auto y conduje hasta la playa. Ahí, bailamos bajo la luna, acompañadas por el suave sonido del mar. Yo lo sabía, siempre lo supe. Desde que vi su mirada sabía que ella me amaba de la misma manera que yo a ella.
Cuando le contamos a nuestros padres, todos saltaron y rieron deseandonos lo mejor. Y eso es lo que tenemos. Cada vez que estamos juntas, se que tenemos lo mejor, lo que queremos.
La boda se acerca, ya elegí mi vestido, muero de ganas de ver el de mi prometida, pronto mi esposa.
Gracias, gracias, gracias universo. Soy la persona más feliz del planeta, te agradezco una, dos y tres veces por tenerlo todo. Me siento tan bendecida por haber tomado las riendas de mi destino. ¡Soy tan feliz, poderosa, soy un alma imparable!
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